miércoles, 7 de mayo de 2008

De cómo cedes…

Así es, de cómo cedes. Nunca había sentido algo tan cabronamente intenso por alguien. El sueño se me va, el apetito se atenúa, las miradas al cielo son más frecuentes, el respirar se pausa de la nada.

Esto de estar enamorado es de lo más complicado del mundo, el cigarro es un incienso de amor del que al humo suplico llévale el palpitar de mi corazón. Las uñas se entierran sin querer en la carne dormida pensando que se abraza al ser amado.

Me odio enamorado porque estoy menos en este mundo, menos en el aquí y mi cuerpo se convulsiona con un simple rose de labios. Me odio enamorado porque soy lo mejor de mi, soy más inteligente, más trabajador, más capaz, más puntual, más responsable, más triste, más iracundo, más patético, más odioso, más tierno, más humano… más tremendamente loco.

Detesto mis manos dedos enamorados que no saben hacer otra cosa más que escribir cosas cursis y patéticas.

Detesto mi cabeza enamorada porque sólo retumba en las nubes, en el sueño inocente del pequeño pervertido.

Detesto mis pies, que sólo quieren correr a su encuentro.

Detesto el intenso palpitar del pecho que delata mis sentimientos a todo el mundo.



1 comentario:

Iván dijo...

Esto es hermoso, muy hermoso pero a la vez terriblemente triste